En el paraje Paila Leche, entre montañas, nieve y caminos rurales, una familia neuquina sostiene una producción artesanal que habla de identidad, esfuerzo y arraigo.
En el norte neuquino, donde las distancias se sienten más largas y el invierno puede transformar los caminos en un verdadero desafío, Lucía Guerrero mantiene viva una tradición familiar que forma parte de la identidad profunda del territorio: la elaboración artesanal de queso de cabra.
Desde el paraje Paila Leche, ubicado en cercanías de Andacollo y Chos Malal, Lucía sostiene junto a su esposo y uno de sus hijos una actividad que heredó de su madre y que decidió continuar como forma de vida. Allí, en un entorno donde viven pocas familias, el trabajo rural no es solo una tarea diaria: es pertenencia, memoria y resistencia.
La producción se concentra entre diciembre y fines de marzo, período en el que llega a elaborar entre 30 y 40 kilos de queso por mes. Cada horma representa horas de trabajo, conocimiento transmitido de generación en generación y una manera de defender los sabores propios del Alto Neuquén.
Para Lucía, producir en el campo implica enfrentar condiciones difíciles, especialmente durante el invierno, cuando la nieve y el hielo pueden complicar la circulación. Sin embargo, también significa sostener una economía familiar, conservar saberes antiguos y hacer visible el valor de los productos regionales.
Su sueño es poder ampliar la producción y alcanzar mayor estabilidad económica. Pero detrás de ese objetivo también aparece una convicción más profunda: seguir viviendo en el lugar que eligió, trabajando con lo que brinda la tierra y manteniendo una tradición que forma parte de la neuquinidad.
Historias como la de Lucía Guerrero muestran que el desarrollo de Neuquén también se construye lejos de los grandes centros urbanos. Se construye en los parajes, en las familias productoras, en los saberes heredados y en quienes, con esfuerzo silencioso, sostienen la identidad de la provincia desde sus raíces.
En cada queso de cabra de Paila Leche hay mucho más que un producto artesanal: hay cultura, trabajo, orgullo local y una forma neuquina de permanecer.
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