El Club Progreso de la ciudad de Neuquén tiene una cancha nueva de 50 por 30 metros con césped sintético y alumbrado perimetral, financiada con más de 200 millones de pesos municipales. Pero la obra es solo parte de la historia: el club también resolvió un problema de documentación que arrastraba desde hacía más de medio siglo.
Hay canchas que se inauguran y hay canchas que se esperan. La del Club Progreso, en el barrio El Progreso de la ciudad de Neuquén, pertenece a la segunda categoría. Durante más de cuatro décadas, los chicos del barrio jugaron en ese mismo espacio cuando todavía era de tierra y piedra. Este lunes, ese lugar se transformó en una cancha de césped sintético de 50 por 30 metros, con alumbrado propio y un cerco perimetral de más de cuatro metros de altura.
La inversión —más de 200 millones de pesos en fondos propios del municipio— es concreta y visible. Pero hay otro logro que no se ve en el pasto ni en el alambrado: el Club Progreso resolvió un problema de documentación que llevaba más de 53 años sin solución y que le impedía funcionar con plena regularidad institucional. La personería jurídica del club, trabada durante décadas en una cuestión de papeles, quedó finalmente en orden.
Una obra, tres actores
Lo que hace particular a esta inauguración es que ninguno de los tres actores que la hicieron posible podría haberla completado solo. La Municipalidad de Neuquén puso los fondos para la cancha. La Provincia se comprometió a financiar los baños y vestuarios que la obra aún necesita para estar completa. Y el Sindicato de Petroleros Privados, a través de su secretario general Marcelo Rucci, fue el articulador que aceleró el proceso y permitió que la obra, tan esperada, finalmente avanzara.
La articulación entre el municipio, la provincia y el sindicato no es un detalle protocolar: es el modelo que hace posible que obras de esta escala lleguen a los barrios que más las necesitan. Cuando los tres actores traccionan en la misma dirección, el resultado aparece.
Una cancha para el barrio, no solo para el club
El nuevo espacio no funcionará de manera exclusiva para el Club Progreso. Las actividades deportivas municipales también tendrán acceso, y las instituciones educativas del entorno ya solicitaron poder utilizarla. Una cancha que empezó siendo el sueño de un club de barrio terminará siendo un equipamiento comunitario que beneficia a un sector más amplio.
Eso es exactamente lo que tiene que ser la infraestructura deportiva en un barrio: no un espacio cerrado para unos pocos, sino un punto de encuentro que multiplica su impacto en toda la comunidad.
Lo que falta y ya está comprometido
La inauguración fue de la cancha. Los baños y vestuarios todavía no están listos, pero la Provincia ya asumió el compromiso de construirlos como segunda etapa. La obra no termina aquí: el club que esperó 53 años para tener el piso resuelto tiene ahora también el futuro institucional y edilicio encaminado.
Para los chicos que ese lunes la estrenaron, la historia empieza ahora.
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