El gobierno provincial lanzó un plan integral de infraestructura hídrica para Neuquén capital que supera los 287.000 millones de pesos — equivalente a unos 200 millones de dólares. Plantas de tratamiento ampliadas, siete nuevos colectores cloacales, el acueducto Nexo IV y mejoras en todo el circuito del agua. 8.000 familias en 31 sectores de la ciudad se beneficiarán de manera directa. El horizonte de la planificación llega a 2040.
El agua que sale de la canilla y las cloacas que se llevan lo que no se necesita son las obras más importantes de cualquier ciudad. También son las más invisibles. No tienen inauguración fotogénica ni cinta que cortar. Están debajo del pavimento, detrás de las paredes, dentro de plantas industriales que la mayoría de los vecinos nunca va a visitar. Y cuando funcionan, nadie las nota. Cuando fallan, la ciudad entera lo siente.
Neuquén capital crece a un ritmo que pocas ciudades argentinas conocen: 33.000 personas nuevas por año. Es la ciudad más grande del sur del país y la que registra mayor expectativa de crecimiento futuro. Ese crecimiento acelerado genera una presión sobre el sistema hídrico que la infraestructura existente ya no puede absorber de manera cómoda. El plan presentado este lunes viene a responder esa presión — no solo para hoy sino para la ciudad que Neuquén va a ser en 2040.
$287.000 millones, distribuidos en tres frentes
El secretario de Ambiente y Recursos Naturales desglosó la inversión en tres grandes bloques. Más de 100.000 millones de pesos van a las plantas de tratamiento de efluentes cloacales — la infraestructura que procesa lo que las familias desechan antes de que llegue a los ríos. Alrededor de 38.000 millones para la refuncionalización y construcción de nuevos colectores. Y aproximadamente 120.000 millones para el sistema de agua potable: potabilización, nexos de distribución y mejoras en la red.
Las obras principales incluyen la ampliación de las plantas de tratamiento Tronador y Bardas Norte, siete nuevos colectores cloacales en distintos sectores de la ciudad y el acueducto Nexo IV, que conecta la producción de agua con los sectores de mayor crecimiento. En conjunto, las intervenciones permitirán mejorar los servicios para alrededor de 8.000 familias en 31 sectores urbanos que hoy tienen cobertura insuficiente o directamente no tienen el servicio.
Invertir ahora para la ciudad de 2040
El dato más significativo del plan no es el monto sino el horizonte. La Provincia no diseñó estas obras para resolver los problemas de hoy — las diseñó para la ciudad que Neuquén va a necesitar dentro de catorce años. Las plantas que se van a ampliar, los colectores que se van a construir y los nexos que se van a instalar tienen una capacidad dimensionada para absorber el crecimiento proyectado hasta 2040.
Esa decisión tiene implicancias económicas concretas: una planta sobredimensionada en el presente cuesta más ahora pero ahorra la necesidad de reemplazarla en pocos años cuando la demanda la supere. Para una ciudad que sabe que va a seguir creciendo, planificar con horizonte largo es la única decisión que tiene sentido.
La lógica del agua que se reinvierte en agua
Uno de los aspectos más interesantes del plan es el origen de parte de sus recursos. Las empresas operadoras de Vaca Muerta pagan un canon por el uso del agua que extraen para la fractura hidráulica. Esos fondos — en lugar de diluirse en gastos corrientes — tienen que reinvertirse en infraestructura hídrica. La gestión del agua como recurso estratégico que genera ingresos que se usan para mejorar el agua que consumen los neuquinos.
El EPAS que se fortalece
Una parte de la presentación estuvo dedicada a algo que parece técnico pero que tiene consecuencias muy concretas: el fortalecimiento institucional del EPAS. Durante años, el organismo delegó en empresas privadas tareas que podría haber realizado con su propio personal técnico. Esa delegación tenía un costo que el Estado pagaba sin necesidad.
La decisión de cambiar ese modelo — de construir capacidad interna en lugar de tercerizar todo — es parte del mismo plan. Un EPAS con equipos propios bien formados planifica mejor, ejecuta con más control y no paga un sobreprecio por contratar afuera lo que puede hacer adentro. En algunos casos, licitando trabajos que antes se contrataban directamente, el costo se redujo a la mitad.
Por qué esta inversión define el modelo de ciudad
La presentación del plan hídrico incluyó una reflexión sobre dos modelos posibles de gestión urbana. El primero es el del Estado ausente: cada familia resuelve como puede sus necesidades de agua y saneamiento, el sistema no planifica y las deficiencias se acumulan hasta que se vuelven crisis. El segundo es el de un Estado que planifica, invierte y garantiza infraestructura para todos.
Una ciudad de 300.000 habitantes que crece en 33.000 personas por año no puede funcionar bajo el primer modelo. No porque no sea deseable la libertad individual sino porque hay dimensiones del desarrollo urbano que solo funcionan si se planifican colectivamente. El agua es la más elemental de todas.
El plan presentado este lunes es la respuesta estructural a esa lógica. No es un paquete de obras para el año próximo. Es la hoja de ruta para que la capital neuquina pueda seguir creciendo durante las próximas dos décadas sin que su infraestructura hídrica sea el cuello de botella.
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