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Chos Malal convierte su cocina en escuela: cuando la tradición se transforma en oportunidades

En el mes aniversario de la capital histórica de Neuquén, tres centros educativos del Alto Neuquén sacaron las aulas a la calle. Locro, mote y saberes de generaciones se volvieron una vitrina del arraigo, el trabajo y las nuevas salidas laborales que crecen en el norte provincial.

En el norte neuquino la identidad no solo se cuenta: se cocina. Y en Chos Malal, reconocida como capital histórica y cultural de la provincia, esa memoria volvió a ponerse sobre la mesa de la mano de la educación pública.

Con la consigna «Sabores que cuentan nuestra historia», los Centros de Formación Profesional N°20 y N°27, junto al Centro de Formación Profesional Agropecuario N°5, organizaron una jornada que combinó gastronomía típica, relatos, vestimentas antiguas y emprendimientos. La propuesta se pensó en el marco del mes aniversario de la localidad y terminó siendo mucho más que una muestra escolar: fue un puente entre las instituciones y su comunidad.

El corazón de la actividad fueron ocho postas de cocina en vivo, donde estudiantes y docentes prepararon platos que forman parte del patrimonio del norte. El supervisor de la zona Norte de Formación Profesional, Samuel Evans, detalló que la celebración giró en torno a «ocho postas que mostraron algún alimento típico de la zona, como puede ser el locro, escabeche de lengua de chivo, mote y alimentos elaborados a base de ñaco».

Detrás de cada plato hubo una historia y también una capacidad técnica en desarrollo. La jornada nació como una instancia de práctica profesionalizante, pero se amplió hacia la elaboración de fitopreparados, la confección de indumentaria y la comercialización de productos de emprendimientos impulsados por egresados. Es decir: formación que se traduce en oficio, y oficio que se traduce en trabajo concreto para la región.

Evans explicó el origen de la iniciativa: «la muestra surgió como una integración de los CFP en el mes aniversario de Chos Malal; se pensó como una actividad que nos permite mostrar lo que estamos haciendo en nuestras escuelas». Esa integración entre centros educativos de una misma región muestra cómo la Formación Profesional articula territorio, comunidad y desarrollo, incluso en las localidades más alejadas de los grandes centros urbanos.

La respuesta de los vecinos confirmó el interés. Pese al mal clima, la convocatoria fue amplia y dejó un dato que trasciende la jornada: la vocación de sumarse. «Tuvo muy buena recepción, fue mucha gente más allá de que el día no estuvo lindo; se acercaron a compartir el día y muchas personas quedaron con la intención de inscribirse en algunos de los trayectos», celebró el supervisor. En una provincia que apuesta al arraigo, cada inscripción es una persona que decide formarse y proyectarse en su propio pueblo.

El reconocimiento a quienes hicieron posible la muestra también fue parte del balance. Evans destacó «el enorme trabajo que hicieron los equipos docentes para la organización y todo lo que demostraron nuestros estudiantes».

La experiencia no quedará en un hecho aislado. A partir de la convocatoria alcanzada y de la declaración de interés municipal, se prevé repetirla el próximo año con el objetivo de consolidarla como una nueva tradición local. Así, mientras Chos Malal celebra su historia, sus escuelas ayudan a escribir la que viene: la cocina como memoria, pero también como herramienta de desarrollo, empleo y futuro para el norte neuquino.

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